Y JULIA RETO A LOS DIOSES

Con un cónclave entre los dioses romanos, que son los mismos griegos olímpicos pero con otros nonbres, así empieza Y Julia retó a los dioses que no es otra cosa que la continuación de la novela Yo, Julia de Santiago Posteguillo.

En esta entrega que cierra la duología (o será más adecuado decir bilogía, en verdad no lo se), Julia se presenta como ama y señora de un imperio dominado por hombres. Ella es la mano que mueve el poder y sus designios, a pesar de las tribulaciones, siempre tienen la intención de perpetuar la dinastía y mantenerse como la Augusta de Roma.

Esta obra no la he leido, la he escuchado, al igual que Yo, Julia. Si bien siempre voy a preferir leer que escuchar audiolibros, algunas obras se prestan para que escucharlas sea atractivo. En este caso, creo que la ficción histórica se presta muy bien para esto, puesto que la narración resulta ser envolvente y genera una gran expectativa todo el timpo.

A decir verdad, el título de esta libro está al revés. Fueron los dioses quienes retaron a Julia, ya conocemos estas manías en obras épicas como la Odisea, o los trabajos y pruebas para Hércules y Jasón. Y ahora, empecinados en que una prieta no tenga las riendas del imperio más grande y poderoso de la humanidad, los dioses no escatima esfuerzos contra una mujer que lejos estará de sentirse amedrentada. Julia, con su convicción fatídica de darlo todo por la gloria divina, sufre, pero impone su voluntad de manera inquebrantable.

Si bien el desarrollo de otros personajes es importante en este libro, el centro siempre será ella. Una obra que a mi modo de ver y por medio de una ficción bien documentada, resalta la importancia del papel de la mujer en la historia.

TRÍPTICO DE LA INFAMIA

Hacía mucho tiempo que no leía alguna obra de un paisano colombiano. Y es así que desde hace unos tres años reposaba en mi biblioteca un libro que compré en el aeropuerto el Dorado de Bogotá, en uno de mis regresos a México, y solo hasta la semana pasada decidí leerlo. Y que buena decisión ha sido.

Pablo Montoya, el autor de este libro, construye una novela histórica bastante interesante, en donde las líneas entre la ficción y la realidad son bastante delgadas.

En tres capítulos, cada uno de ellos dedicado a un pintor distinto: Le Moyne, Dubois y de Bry, quienes en sus obras, constataron y reflejaron las formas particularmente violentas en las que fue sometido el nuevo mundo, Montoya desarrolla una narrativa diversa, dándole a cada capitulo una voz distinta. Incluso, la voz del propio autor del libro se expresa en el último capítulo, en donde para expresar la trama suscitada por de Bry, él mismo se inmiscuye en la historia, narrando en primera persona su experiencia literaria y de investigación para lograr conseguir información pertinente para terminar esta novela.

El escenario y el tiempo son fundamentales en esta obra. Todo discurre entre el nuevo mundo (las nuevas tierras descubiertas por Colón y sometidas por españoles, portugueses e ingleses), y por su puesto, la Europa convulsionada del siglo XVI, en donde algunos países no solo están sorprendidos por la aparición en el mapa de un nuevo continente, sino que se ven atormentados constantemente por las divisiones de la iglesia, el calvinismo, las reformas y contrarreformas de la época.

La relación entre católicos/marianos, hugonotes/calvinistas y nativos americanos, entre aztecas/incas/algonquinos, no puede ser más que enrevesada. Y esto justamente es lo que nos permite encontrar mucha acción interesante en las páginas de este libro. El autor, además, se toma la molestia (cosa que agradezco) de describir en detalle las técnicas utilizadas por artistas e indígenas (aunque preferiría decir simplemente artistas) para construir su arte, y a la vez, realiza un análisis expedito de las obras (pinturas, tatuajes y grabados) de los autores que estudia y que muestran la crudeza del choque de dos mundos.

Lo que más me ha agradado de este libro, a parte de su narrativa, es que de alguna forma, señala con maestría la importancia de la investigación en la literatura, y en particular en la novela de corte histórico. Así mismo, tiene una gran sensibilidad frente a la estética pictórica del siglo XVI. Vale la pena leerlo.