TOKIO BLUES

Me tardé dos años para decidirme a leer una novela de Murakami. Es gracioso, desde el 2015 venía pensando que tal vez el tipo estaba sobre valorado, juicio sin sentido dado que no había leído nada de su obra y, yo, todo prejuicioso y aficionado a la literatura japonesa de posguerra, sobre todo la de Kawabata y la de Mishima (quien está en mi top 10 de escritores preferidos), supuse que este autor que estaba en boca de todo el mundo era un aparecido, un salido de la nada.

En medio de un viaje en el verano de 2018 me encontré por casualidad uno de sus libros en una tienda de aeropuerto y lo compré sin mayor esperanza. Para mi fortuna, De qué hablo cuando hablo de correr, título de la obra, no era una novela o un cuento, sino más bien una serie de ensayos autobiográficos. El libro me gustó mucho y eso ya me empezó a quitar el prejuicio infundado que tenía. Lo mismo sucedió con el segundo libro que leí de este autor en el año 2019: De qué hablo cuando hablo de escribir, ensayo autobiográfico también, en donde Murakami relata con humildad y sinceridad, el cómo, el por qué y el para quién escribe. De nuevo, me sentí identificado y a gusto con su obra.

En este orden de ideas y con estos antecedentes, no faltaba mucho para entrarle a la lectura de una de sus novelas. Así fue que empecé a leer (otra vez durante el verano) Tokio Blues, una novela que muchos de mis amigos me recomendaron, una historia con mucha música y, para mi gusto, con muchas reminiscencias a las figuras o formas literarias empleadas por esos literatos de posguerra japoneses que tanto me han gustado siempre. Tokio Blues es una novela escrita de una forma muy sencilla. Los personajes son claros (a pesar de su complejidad interna) y las escenas urbanas y de imágenes sobre el paisaje muy nítidas.

No se si la palabra blues en el título del libro se refiere al género musical, dado que en esta obra son muchas las melodías que acompañan a los personajes. Estoy tentado a pensar que el referente es más cercano a la idea que en inglés, esta palabra tiene respecto a la tristeza, o la nostalgia. Este sentimiento, esta sensación, parece ser transversal a todos los personajes de la obra. Los encuentros y los desencuentros son permanentes pero sin duda, el mayor reto que hay en el desarrollo de todos ellos no son las relaciones que tienen entre ellos, si no, la constante reflexión propia, el autoflagelo y la charla constante que ellos tienen consigo mismos.

De alguna manera esta obra me recordó un poco el libro la música de Mishima, salvadas grandes diferencias por supuesto. A pesar de esto, creo que Murakami logra escribir una obra interesante, llena de intensidad y de sentimiento. Creo que seguiré leyendo su obra y descubriendo su estilo, por ahora, tres libros después, me doy por bien servido.

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DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR

Sigo sin leer las novelas de Murakami. Ya lo haré en algún momento.

En el verano de 2018 tuve la oportunidad de leer «De que hablo cuando hablo de correr» mientras viajaba por todo españa. Debo admitir que ese libro me gustó tanto que hasta se lo regalé a mi tío Paco, a quien la lectura poco se le daba pero lo de correr a campo traviesa lo tenía trastornado.

Asombrado al enterarme que a parte de escritor, Murakami era maratonista, devoré esa obra de tintes deportivos y autobiográficos en una semana. Su prosa me encantó y prometí que en algún momento empezaría a leer sus novelas. A pesar de eso, no me ilusionaba mucho leer a quienes muchos de mis conocidos (varios de ellos asiduos lectores) consideraban el autor más mainstream de los últimos años.

Entonces mi interés siguió por su camino y la lectura de las novelas de Murakami ha seguido postergada. A pesar de eso, ya tengo varios de sus libros, que esperan ser leídos en algún momento. Lo más curioso de todo es que al acercarme a ellos el único que me llamó la atención fue otra de sus obras de no ficción y de tintes autobiográficos: «De que hablo cuando hablo de escribir»

Poco más de 7 horas de lectura en dos días, bastaron para devorarme este título. Escrito en 2015 y traducido en 2017, este libro es un retrato de lo que Murakami considera que es su obra. A mi parecer, muy honesto y sencillo. Sin trivialidades, pero con profundas reflexiones sobre el oficio de la escritura como la siguiente:

Hay que escribir una novela para comprender verdaderamente la dimensión de la soledad. A veces tengo la impresión de estar sentado en lo más profundo de una cueva. Nadie va a venir a ayudarme, nadie me va a dar una palmadita de ánimo  en la espalda ni me va a decir lo bien que he trabajado hoy. El resultado final de ese esfuerzo puede recibir algunas alabanzas (si ha salido bien, claro está), pero el proceso de escribir queda al margen de los reconocimientos. Es la carga que cada uno debe soportar en soledad y en silencio

Finalmente debo decir que las dos obras de Murakami que he leído han llenado mis expectativas. Espero que mi paso por la ficción de este autor me llene de igual satisfaccion. Ya veremos.