LAS PALABRAS QUE CONFIAMOS AL VIENTO

Este libro es como un susurro.

Así se lee. Se aspira aire y luego se exhala.

Es un libro sobre la pérdida y el amor que le tenemos a quienes se han ido. También es sobre quienes se quedan con nosotros y las nuevas personas que la vida nos pone en el camino. Es un libro sobre el dolor de la ausencia, pero ante todo, sobre la esperanza que se puede generar al decidir seguir viviendo.

Laura Imai Messina nos presenta, en esta obra editada por Salamandra, un libro sobre Japón. Y esto es muy interesante porque en algunos pasajes de la obra, el libro me ha recordado con precisión algunas frases de Kawabata o de Mishima. No quiero decir que esté al mismo nivel de ellos ni mucho menos, pero en términos de estilo, Laura Imai logra en varias ocasiones expresar las cosas, los paisajes, los espacios y otros temas, con un alto nivel de detalle y simpleza, justo como esos grandes escritores nipones que he mencionado y que admiro tanto todo lo que hicieron otrora. En este sentido, en términos de estilo, el libro resulta ser un deleite, con una narrativa siempre precisa pero además poética. Resulta interesante que también que es un libro sobre Japón y sobre japoneses escrito por una autora occidental, y esto expresa un amplio conocimiento de esta cultura oriental, con una alta sensibilidad por su pueblo y por sus tradiciones. Esto me ha parecido, tal vez, una de las cosas más atractivas de esta obra.

Las palabras que confiamos al viento hace referencia a una cabina telefónica ubicada en un jardín en un pueblo a varias horas de Tokio. La gente va allí, como en peregrinación, para hablar con los seres que han perdido, situación que se popularizó a partir del tsunami que asoló a Japón en marzo de 2011. El libro nos narra la historia de dos personajes principales que se encuentran en el lugar, ambos comparten esa necesidad de consuelo, comparten palabras y comparten silencios. El libro termina siendo una historia de amor muy particqular, bonita, pero sobre todo poética, sin caer en meloserías innecesarias.

La estructurta del libro me ha llamado mucho la atención y me ha parecido muy interesante. Por cada capítulo que desarrolla (que por lo demás no son muy extensos), escribe una o dos páginas con detalles de algo particular que se haya mencionado en el capítulo Por ejemplo, si se menciona que la protagonista fue a una tienda a comprar cosas con su hija (y el capítulo coninúa hablando de cosas relevantes para la narración de la historia), en el siguiente capítulo hace un listado de las cosas que compró (información que eventualmente puede tener importancia para conocer algún detalle sobre el personaje o sobre los acontecimeintos).

En conclusión, este libro se lee con mucho gusto, se disfruta y se sufre a la vez. Adicionalmente hace que reflexionemos sobre muchos asuntos que son parte de nuestra existencia. He disfrutado mucho esta lectura. Hay muchas frases cortas y contundentes y quiero dejar una a continuación que tiene que ver con lo que se escribe, pero sobre todo con lo que se lee:

No se burlaba de él, solo le preguntaba. Ella también estaba convencida de que las palabras, las que se oían o las que se leían (no necesariamente en la biblia sino en cualquier parte), llegaban a las personas por casualidad, pero no sin un propósito

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