LO QUE ESCUCHO TAMBIEN ES LO QUE LEO

Han sido días aciagos y llenos de trabajo, con el mínimo tiempo para la lectura y para la instrospeccion que permite viajar a otros mundos. A pesar de esto hay otras formas de mantenerse conectado con la lectura. Y así fue que le di entrada a los audiolibros en mi vida.

Gracias a la recomendación de una lectora empedernida he descubierto storytel, una aplicación que te permite leer y escuchar una cantidad de libros en línea o fuera de ella.

Pero como este no es un blog de publicidad no voy a decir nada más al respecto, quien quiera conocerlo que lo visite.

Lo que si les voy a decir es lo que he leído/escuchado.

Empecé con Siddhartha, de Hermann Hesse. Una clásica lectura de este maravilloso nobel que leí por primera vez cuando tenía 15 años, así que, ¿por qué no iniciar con la expriencia de un audiolibro con un viejo conocido? El resultado fue formidable, escuchar la narración de un libro tan espléndido ha sido energizante. Las tribulaciones y aventuras de este hijo de un brahman me acompañaron de ida y vuelta a mi trabajo al menos durante una semana.

Posterior a esto escuché / leí los 53 sutras de Buda. Es una lectura que hago dos o tres veces al año y escucharla fue también una grata experiencia.

Después de esto quise ahondar un poco en unas lecturas que he venido haciendo sobre mindfulness, por lo que “Dejar ir. El camino de la liberación” de David Hawkins me pareció una buena opción. No logré disfrutar tanto este audiolibro. Por una parte, tal vez su larga duración lo hizo un poco tedioso. Por otra, tal vez la narracion adormilaba mis sentidos. En una crítica más profunda, me cuesta mucho aceptar o entender la soberbia del conocimiento o de la fé que a veces se expresa de manera tácita dándole poco espacio a otras verdades.

Finalmente, escuché / leí otro libro sobre la cconciencia plena que si me ha parecido espléndido: “Mindfulness. Recupera tu paz interior”, de Silvio Raij. Este libro, con una humildad sobrecogedora, expresa la importancia de la conciencia plena y las virtudes de aplicarla sin presiones, a lo largo de las manifestaciones de la vida cotidiana. Todo para entender de una forma más práctica nuestra realidad. Una escala de dos horas y un vuelo de la Ciudad de México a Bogotá fueron suficientes para terminarlo.

Así pues, hasta en los momentos más complicados los libros pueden ser nuestros grandes compañeros, no hay excusa.

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