Primero fue, «Todos los hermosos caballos». Lo leí, y sufrí. La escritura de Cormac McCarthy es difícil, por su lentitud, sobre todo. Pero ese sufrimiento que sentí, se convirtió, con el paso de las horas y de las páginas en un asombro sin igual, en un convencimiento de que la gran literatura se escribe, no para dar gusto a los lectores, sino para enviar un mensaje.
Ese sufrimiento se convirtió en dicha, en satisfacción de saber que se ha leído algo que ha valido la pena.
Así pues, ahora acabo de leer el segundo libro de la trilogía de la frontera, titulado, justamente «En la frontera».
Me ha llevado bastante tiempo leerlo. De nuevo, el ritmo es lento, pausado, lleno de detalles sobre la gente, sobre el territorio, sobre el camino del sol a lo largo del día. Este libro me ha parecido casi poético, evocador de una nostalgia y una tristeza vinvulada con la soledad y con la transformación del mundo hacia la modernidad.
De nuevo, este libro se ubica en un territorio conocido, la frontera entre Estados Unidos de América y México. Pero el conocimiento implícito que presenta McCarthy sobre este territorio es tan amplio, que uno se siente un simple espectador.
El aire, de nuevo, tiene olor a western, a historia de vaqueros que transitan de una época pasada a un futuro renovado e incierto.
Creemos ser víctimas del tiempo, dijo. En realidad el mundo sigue un camino que no está fijado en ningún lugar. Cómo ina a estarlo? Nosotros mismos somos nuestro propio viaje. Y por eso también somos el tiempo. Somo s como el tiempo. Huidizos. Inescrutables. Despiadados
Me queda un título de esta trilogía que espero leer pronto, pero lentamente, para disfrutarlo o sufrirlo en cada frase, en cada página. Creo que estoy ante uno de los autores de habla inglesa que más aprecio y valoro.

