Este es un libro sobre la guerra. Y sobre como se sucumbe ante el hambre de poder.
El segundo volumen de la Herejía de Horus, Falsos Dioses, escrito por Graham Mcneill, es una continuación sublime de la trilogía inicial de este maravilloso universo construido en el contexto de Warhammer.
En esta entrega vemos con mayor precisión las características de este universo futurístico. Lo más interesante, a mi parecer, son las referencias introductorias que se hacen al caos. Si bien en la primera entrega hay alguna breve referencia al poder de la disformidad, en este volumen se manifiesta con mayor precisión, poniendo a todos los protagonistas alerta (en contra y a favor) sobre estre desconocido poder que le puede dar un cambio sustancial a la estructura funcional de todo el universo conocido.
Vemos también el desarrollo del Mournival, el grupo de secuaces del Señor de la Guerra, y como cada uno de sus integrantes empieza a tener diferencias, justamente, por su opinión sobre la disformidad y sus lealtades al Emperador de la humanidad y a Horus, el Señor de la Guerra.
Este libro está lleno de acción y violencia.
Falsos dioses manifiesta que el poder sobre humano de los Astartes, cuando se ve sometido a decisiones fundamentales sobre el deber ser y la lealtad, puede tomar giros diferenciados por la perspectiva de quien ejerce dicho poder e incluso, desde la perspectiva de aquellos que padecen o adolecen la aplicación de dicho poder.
Este libro es un rompimiento.
La razón de ser de toda la cruzada galáctica se pone en cuestión cuando Horus duda. La idea de cómo debe ser el universo se pone en entredicho cuando Horus cae.
Y esta duda se da sobre su padre, el Emperador. La idea de que el Emperador solo pretende convertirse en un Dios genera una conmoción que parece no tener marcha atrás. La idea de deidad solo genera una contradicicón que empieza a carcomer el sentido mismo de toda la existencia de la cruzada, de los Astartes y del imperio que representan.
En este sentido, los sucesos que se narran en este volumen están llenos de dolor y de constradicciones. Los héroes se convierten poco a poco en villanos y la galaxia completa entra en un estado de confusión inigualable.
Los actos heróicos empiezan a verse como simple barbarie. Los primarcas, en su humanidad, empiezan a envilecer. Los Astartes son peones del destino que elijan. Y los demás actores humanos solo pueden sufrir las consecuencias de las decisiones que toman todos los demás.
He disfrutado muchísimo de esta lectura. Es un libro intrépido y lleno de acción. Vimos caer a Horus. Vimos que Horus duda. El Señor de la Guerra se levanta dejando un mar de incertidumbre.


