Este libro es como un melodía, con notas altas y bajas, con pausas y silencios.
Deborah Levy nos muestra la vida de una pianista consumada que llega a un punto de desconocimiento de sí misma. Puede entenderse, tal vez, como una crisis de edad, pero en su reflexión, la protagonista pone todo su mundo en cuestión el día en que abandona el concierto número 2 de Rajmáninov en medio de una importante presentación.
A partir de allí, y en el proceso final de la pandemia de COVID, la protagonista se ve así misma en otro cuerpo, situación que la hace estar en una permanente situación de autoreflexión y duda.
Este libro está lleno de música, desde J.S. Bach hasta Phillip Glass, parece que toda la obra está íntimamente ligada a su propia banda sonora. Y vaya que he disfrutado de leer este libro mientras escucho las piezas musicales de las que van hablando.
Si bien no me ha parecido una obra trascendente, quiero decir que la prosa de Levy es muy interesante. Me ha permitido trasnportarme a distintos lugares, pero sobre todo, me ha cautivado con las aluciones musicales.
Buscarse a sí mismo, puede ser una idea clara de lo que es este libro, buscar en tus propias raíces, en tu mente, en las experiencias vividas y en las que se van viviendo.
Este libro es como la vida y, la vida, es como una canción que vibra nota a nota, hasta que llega el silencio.


