Este libro es un poco difícil de definir puesto que, en principio, nos es presentado como un libro de relatos: 6 historias que pueden ser perfectamente autoconclusivas y que con independencia de las demás, nos muestran diversos personajes con vivencias enraizadas en la banalidad y lo cotidiano, en otras palabras, son historias que cuentan la vida de personajes que pueden ser cualquiera de nosotros.
Lo interesante es que a lo largo de estas narraciones podemos ir encontrando puentes, articulaciones entre las historias que nos dan nuevas pistas sobre la estructura general de la obra. Aparecen personajes que estuvieron en un relato anterior, u otros que en otro momento fueron secundarios en la narración. Este ir y venir de la estructura narrativa, nos aleja entonces de la idea inicial que teníamos sobre el libro de relatos, y nos acerca más a una nueva idea, la idea de que estamos leyendo una novela y todo lo escrito está relacionado.
Esta estructura narrativa me ha resultado muy interesante, sobre todo por que cada relato pareciera no tener una finalidad específica, o sea, como que las historias nos llevan de ningún lado a otro lado. Pero visto desde la idea de unidad escrita, “la novela” si parece tener una intencionalidad clara, esto es: construir la historia de dos personaje que se han querido alguna vez y por diversos motivos se han separado…toda la novela tiene que ver con el intersticio que hay entre ellos.
Creo que Jem Calder recoge de buena manera el sentir de una generación y expresa de forma estructurada el pensamiento que a muchos de nosotros nos lleva a cuestionarnos día a día. Esta obra expresa de forma precisa nuestras cotidianidades y formas de vivir en relación con la tecnología, con las redes sociales y, en general, con la virtualidad. Los escenarios aquí descritos son cercanos a lo que experimentamos hoy por hoy todos nosotros, pero que no nos atrevemos a cuestionar.


